Estos días me han enseñado tanto, pero tanto, acerca de la Gracia y la Misericordia de Dios hacia mi vida.
Han sido días en que no me he cansado de darle gracias a Dios por su infinita misericordia y su incomparable e inagotable gracia para conmigo.
Y no ha sido porque haya vivido algún milagro!!! o algo importante haya pasado en mi vida, o porque fui impactado por algo sobrenatural, NO !!!
Ha sido sencillamente porque cada día que pasame doy cuenta que: hasta adonde ahorita he llegado y lo que hasta hoy he alcanzado, ha sido unica y exclusivamente por la gracia y la misericordia del Señor. Cada día que pasa me doy cuenta que nada de lo que tengo ni lo que he alcanzado me lo merezco. Me doy cuenta que si estoy donde estoy no es porque haya hecho méritos para llegar ahi, al contrario, seguramente soy el que menos méritos ha tenido para llegar.
Cada día que pasa me doy cuenta de quien soy, de mis flaquezas y errores, de lo que mucho que me falta cambiar y recorrer; de que no soy digno de que Dios deposite su confianza en mi para que le sirva y ayude a otros.
Me doy cuenta del privilegio enorme que tengo de ser servidor del Dios Todopoderoso. Y que ese privilegio no lo he alcanzado por lo que soy, al contrario por pura gracia y misericordia me ha sido concedido a pesar de lo que soy.
Esto en vez de enaltecerme, al contrario, me impulsa a humillarme cada vez más delante del único y sabio Dios. A ser agradecido con aquel que me amó primero a pesar de lo que era, y que aun me ama a pesar de lo que sigo siendo. Me impulsa a expresarle mi gratitud porque me ha hecho su siervo a pesar de mi indignidad para serlo.
En vez de criticar a otros, me invita a criticarme a mi mismo, para ver mi propia realidad. En vez de juzgar a otros por sus errores o desatinos, me impulsa a juzgarme a mi mismo y a darme cuenta de que la misericordia de Dios conmigo ha sido tan grande, que lo menos que puedo devolverle a mi prójimo es misericordia.
Me invita a seguir sirviéndole al señor Jesús con todas mis fuerzas y a amarlo con todo mi corazón, y repetir lo que dice aquella alabanza: "Como no amarte, como no servirte, como no seguirte Dios, mi Dios".
JUSTICIA ES RECIBIR LO QUE MERECEMOS
MISERICORDIA ES NO RECIBIR LO QUE MERECEMOS
GRACIA ES RECIBIR LO QUE NO MERECEMOS.





